El drama de los vecinos del depósito de garrafas en Famaillá: lo perdieron todo por una tragedia que sabían que podía ocurrir

Una mañana que transcurría con total normalidad en el barrio 200 Viviendas de Famaillá terminó transformándose en una escena de devastación. Un incendio de gran magnitud en un depósito de garrafas lindero a viviendas particulares provocó una serie de explosiones que destruyeron por completo al menos dos casas, dejó a dos familias sin hogar y a una mujer internada con heridas de consideración.

El siniestro se desató pasadas las 10 de la mañana, cuando varias personas se encontraban dentro de las viviendas afectadas realizando sus actividades cotidianas. En una de ellas residía Gladys Villafañe, propietaria del inmueble, junto a su madre, una hija, una tía y tres nietos menores. En el fondo del terreno, además, se encontraba otra familiar con tres niños pequeños.

Según relató Víctor Salinas, todo cambió de manera repentina con una fuerte explosión que desató el pánico. Minutos antes, Erika Ibarra —vecina y una de las principales damnificadas— había regresado del centro y se encontraba en su casa cuando comenzó a percibir que algo no estaba bien. Mientras lavaba los platos, las paredes empezaron a ceder y, casi de inmediato, vio cómo las garrafas del depósito colindante salían despedidas por el aire y explotaban una tras otra.

Con sus tres hijos durmiendo en una habitación, no dudó y escapó por el fondo de la vivienda hacia la casa de otros vecinos para salvar sus vidas.

En medio del caos, Gladys Villafañe logró huir junto a los menores. Sin embargo, durante la desesperada huida, una de sus hijas cayó al suelo y sufrió la fractura de dos costillas y un golpe abdominal, por lo que debió ser trasladada de urgencia a un centro de salud, donde permanece internada.

Más allá de las pérdidas materiales y las heridas físicas, el hecho generó una profunda indignación entre los vecinos, quienes aseguran que se trató de una tragedia completamente evitable. Desde hacía tiempo —según denunciaron— advertían sobre el permanente olor a gas y las presuntas irregularidades del depósito, ubicado a escasos metros de las viviendas.

“Nos cansamos de reclamar y nunca nos hicieron caso. No puede ser que un lugar donde se vende gas esté pegado a una casa”, expresó Deolinda Salinas, hija de Gladys, visiblemente afectada.

Las llamas no solo consumieron las estructuras de las viviendas, sino también recuerdos, pertenencias y el esfuerzo de toda una vida. Entre las pérdidas se encuentran bienes que el esposo de Gladys había dejado antes de fallecer, además de animales que no lograron escapar del fuego.

“Se quemó todo, quedamos destrozados”, lamentó Deolinda, quien exigió explicaciones y que los responsables se hagan cargo de las consecuencias.

Mientras avanzan las investigaciones, las familias afectadas enfrentan hoy la incertidumbre de no tener dónde vivir, atravesadas por el dolor y la bronca de una tragedia que —aseguran— pudo y debió haberse evitado.

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