Corrupción en la AFA: la Selección toma distancia mientras avanza la investigación

La imagen de Claudio “Chiqui” Tapia junto a Lionel Messi, habitual hasta hace pocos meses, hoy parece parte del pasado. En medio de las investigaciones judiciales que involucran a la cúpula de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), los jugadores de la Selección optaron por marcar distancia, sin pronunciamientos públicos pero con gestos elocuentes.

Si Tapia y el tesorero Pablo Toviggino fueran dirigentes de un club, difícilmente podrían seguir en funciones mientras duran las investigaciones. Sin embargo, la AFA parece contar con mecanismos de autoprotección y contactos en distintos ámbitos judiciales, lo que anticipa una larga disputa de fueros y un extenso proceso legal.

Tras el sorteo del Mundial en Washington, Tapia viajó a Estados Unidos para presenciar la consagración del Inter Miami. A diferencia de otras ocasiones, no hubo foto con Messi. El capitán tomó nota de que las críticas hacia la AFA comenzaban a rozar también a los jugadores. Aun así, resulta improbable que surja una reacción colectiva contundente como la que protagonizó la Generación Dorada del básquet en 2014, cuando desplazó al entonces presidente de la Confederación.

La relación entre los futbolistas y Tapia oscila entre lo cordial y lo correcto. No ocurre lo mismo con Toviggino, una figura ajena al fútbol profesional pero de creciente influencia. En el entorno de la Selección prevalece una lógica clara: si no habla Messi, difícilmente lo haga alguien más. La distancia se expresa en detalles mínimos: menos mates compartidos, menos cercanía informal.

El malestar también se alimenta de cuestiones económicas. Aunque nadie juega en la Selección por dinero, los campeones del mundo cobraron el premio por Qatar en pesos y en cuotas. Mientras tanto, los ingresos generados por partidos ante rivales menores y en plazas incómodas habrían permitido a algunos dirigentes llevar una vida de lujo. El dinero de la AFA no es público, pero tampoco pertenece a quienes la administran.

Este clima enrarecido rodea incluso la negociación por la extensión del contrato del técnico Lionel Scaloni, a quien difícilmente le resulte indiferente el avance de las investigaciones.

Entre los dirigentes de clubes reina el silencio. La explicación es pragmática: mientras no haya fallos judiciales, pocos se animarán a criticar abiertamente a Tapia y Toviggino. Sin embargo, crece el interrogante sobre el uso de los recursos y si parte del dinero destinado a otros fines no podría haberse utilizado para mejorar los premios del fútbol argentino.

El impacto también alcanza al plano comercial. Aunque la figura de Messi y la Selección campeona del mundo sigue siendo atractiva, asociar una marca a una AFA bajo sospecha ya no resulta una estrategia seductora. Incluso un empresario de medios reconoció haber rechazado una oferta de derechos de transmisión propuesta por la propia AFA.

Las investigaciones aún no permiten anticipar hasta dónde llegará la causa ni a cuántos involucrará. Aparecen nombres del Comité Ejecutivo, directores de área e incluso referencias políticas. En ese contexto, resurgieron viejas declaraciones públicas que hoy adquieren otra dimensión.

Uno de los puntos que más interrogantes genera es la relación entre la AFA y la firma TourProdEnter LLC, su agente comercial en Estados Unidos. Entre enero y septiembre de 2025, la empresa transfirió 5,7 millones de dólares a Sports NextGen Ltd., accionista del club italiano Perugia. Surgen así preguntas inevitables: ¿hay otros beneficiarios detrás de estas sociedades? ¿Por qué ayudar a un club del ascenso italiano? ¿Existen contradicciones entre el discurso contra las sociedades anónimas y los hechos?

El fútbol argentino atraviesa un momento de fuerte sacudón institucional. Viejos empleados de la AFA recuerdan con sorpresa el vertiginoso ascenso económico de algunos protagonistas hoy investigados. El efecto dominó ya se siente: hartazgo social, impacto político y una dirigencia cada vez más cuestionada.

Mientras tanto, la Selección toma distancia. Sin palabras, pero con gestos. Y el fútbol argentino observa cómo una estructura que parecía intocable comienza a resquebrajarse.

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