Cómo hizo el streamer Ibai Llanos para bajar más de 52 kilos: el hábito que transformó su vida

Ibai Llanos, el streamer más influyente del mundo hispanohablante, se convirtió en un inesperado símbolo de superación personal tras lograr una transformación física que impactó a millones de seguidores. Lejos de dietas milagrosas o rutinas imposibles, el cambio que le permitió perder más de 52 kilos tuvo un protagonista tan simple como poderoso: caminar.

Durante años, Ibai convivió con la obesidad. En 2022 llegó a pesar 166 kilos, una situación que afectaba seriamente su salud y su calidad de vida. Sin embargo, en apenas un año consiguió bajar de los 100 kilos y alcanzar su peso ideal, demostrando que la constancia puede más que cualquier solución extrema.

Si bien el entrenamiento de fuerza y una alimentación ordenada fueron fundamentales, el propio creador de contenido reveló que el verdadero punto de inflexión fue incorporar la caminata diaria como hábito innegociable. “A mí caminar me cambió la vida”, confesó recientemente en una charla con Jordi Wild.

Al comienzo, el desafío era enorme. Caminar entre 3.000 y 4.000 pasos le generaba un gran desgaste físico, con sudoración intensa y pulsaciones elevadas. Con el tiempo y bajo la supervisión de su entrenador, fue aumentando progresivamente la duración de las caminatas: primero 40 minutos, luego una hora, hasta alcanzar un promedio diario de 10 kilómetros.

Ese movimiento constante fue clave para sacar a su cuerpo del sedentarismo crónico. La caminata le permitió quemar grasa de manera sostenida, sin el impacto articular que otros ejercicios implican para personas con obesidad, y sentó las bases para una transformación duradera.

Ibai también aprovechó su exposición para derribar mitos en torno al sobrepeso. “La gente cree que estamos muy gordos por comer 10 donuts al día. Engordás porque no te movés, porque no hacés ejercicio y porque no tenés la alimentación controlada”, explicó. Según él, el cambio no pasó por “cerrar la boca”, sino por aplicar sentido común: priorizar proteínas y verduras, mantener el orden y evitar obsesiones innecesarias.

Más allá de lo estético, el descenso de peso fue una cuestión de salud. Antes de su transformación, Ibai sufría apnea del sueño y necesitaba una mascarilla de oxígeno para dormir, tenía dificultades para realizar movimientos simples como atarse los cordones y su capacidad cardiovascular era muy limitada.

Hoy, con menos de 99 kilos, asegura haber recuperado una calidad de vida que parecía lejana. Su experiencia deja un mensaje claro: no siempre hacen falta suplementos caros ni rutinas inalcanzables, sino constancia en los hábitos más básicos y accesibles.

Fuente: El Economista

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