La vida de “El Militar”: misiones en África, la noche de Yerba Buena y las sospechas por el crimen de Érika

La detención de Felipe Sosa en la localidad bonaerense de Pilar, tras un operativo cerrojo entre fuerzas federales y provinciales, no cerró el caso por el crimen de Érika Álvarez. Por el contrario, abrió una investigación aún más compleja. Bajo un estricto hermetismo de la fiscal María del Carmen Reuter, los investigadores intentan determinar si el acusado actuó solo o contó con apoyo logístico para concretar el homicidio y el posterior ocultamiento del cuerpo.

Para los peritos de Homicidios hay una certeza inquietante: el modo en que fue descartado el cuerpo —envuelto en una bolsa negra y abandonado en un punto ciego de Manantial Sur— revela la intervención de alguien con conocimientos profesionales. Alguien que supo esquivar cámaras, evitar testigos y manipular la escena para ganar tiempo.

Un perfil lejos del civil común

Felipe Sosa no encaja en el perfil de un ciudadano promedio. Su formación comenzó en 1998, cuando egresó del Colegio Militar de la Nación. Luego integró el Regimiento de Paracaidistas y participó como observador de Naciones Unidas en misiones en Kuwait e Irak. Más tarde, dio un salto internacional al incorporarse a la Legión Extranjera Francesa.

Dentro de este cuerpo de élite —integrado por voluntarios extranjeros— Sosa se formó como comando y enfermero de combate. Participó en operaciones de alto riesgo en la Guayana Francesa, Gabón y Costa de Marfil, incluyendo tareas contra el tráfico ilegal de oro, rescates en selvas africanas y seguridad en instalaciones estratégicas, como bases espaciales europeas. Fue entrenado para resistir interrogatorios, torturas y situaciones de estrés extremo, y recibió condecoraciones por su desempeño.

La Legión Extranjera: disciplina, hermetismo y ruptura

Fundada en 1831, la Legión Extranjera Francesa es una de las unidades militares más legendarias del mundo. Su lema, Legio Patria Nostra (“La Legión es nuestra patria”), resume su filosofía: borrar el pasado y reconstruir la identidad del soldado bajo una disciplina absoluta.

El entrenamiento inicial, realizado en Castelnaudary, somete a los reclutas a aislamiento, privación de sueño, marchas extenuantes con cargas superiores a los 30 kilos y castigos físicos severos. El objetivo es quebrar la individualidad y forjar un espíritu de cuerpo férreo. Allí se los prepara para el combate cuerpo a cuerpo, la supervivencia en climas extremos y, especialmente, para resistir interrogatorios sin quebrar el silencio.

Ese bagaje es el que hoy convierte a Sosa, según fuentes judiciales, en un detenido de alta peligrosidad.

Regreso a Tucumán y una doble vida

Tras regresar a Tucumán en 2008, Sosa volcó su experiencia al ámbito de la seguridad privada. Trabajó para empresas citrícolas y ferroviarias, y luego fundó su propia firma, “Seguridad Objetiva”, con servicios en countries y comercios de Yerba Buena.

Sin embargo, detrás de la imagen de empresario, su nombre comenzó a aparecer en expedientes judiciales: denuncias por violencia de género y, en 2023, el hallazgo de 36 plantas de marihuana en su domicilio.

La conexión con el crimen

La investigación por el asesinato de Érika Álvarez, cuyo cuerpo fue hallado el 8 de enero en un descampado de Manantial Sur, condujo a los pesquisas a un círculo conocido como “la zona pesada”: profesionales y personas de alto poder adquisitivo vinculadas a fiestas electrónicas donde el consumo de drogas era habitual.

Testigos ubicaron a Sosa como un asistente frecuente a estos encuentros. El dato clave surgió de un mensaje que Érika envió a su hermana el martes 6 de enero desde Yerba Buena, ciudad donde reside el acusado.

La autopsia reveló que la víctima murió tras una golpiza brutal: presentaba la mandíbula dislocada y lesiones concentradas en el lado derecho del cuerpo, lo que refuerza la sospecha de la fiscalía sobre posibles torturas previas a la muerte.

La fuga frustrada

Tras conocerse que era buscado, Sosa intentó desaparecer. Canceló un viaje al exterior que tenía previsto con su pareja —una empleada judicial— y realizó movimientos que despertaron aún más sospechas: compró una moto KTM valuada en unos 50 millones de pesos, pagada en efectivo.

Su plan habría sido huir por tierra, evitando controles aeroportuarios, confiando en su conocimiento sobre el funcionamiento de los organismos de inteligencia. Pero la tecnología se impuso. Mediante un sistema de rastreo reservado, la Policía Federal logró ubicarlo en Buenos Aires. Al ser detenido en Pilar, llevaba consigo su pasaporte y ropa, reforzando la hipótesis de un inminente cruce de frontera.

La causa avanza ahora sobre una pregunta central: si “El Militar” actuó solo o si detrás del crimen hubo una estructura más amplia, tan silenciosa y disciplinada como el pasado que lo formó.

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