IMPARABLE. El Operativo Lapacho dejó al descubierto la verdadera magnitud de un negocio ilegal que logró sacarse el estigma social y hoy crece al ritmo de una demanda sostenida y cada vez más visible. El comercio clandestino de hojas de coca en Tucumán atraviesa una transformación sin precedentes y ya exhibe rasgos propios de una industria organizada, con estrategias de marketing, logística nacional y una estructura que desafía los controles judiciales y policiales.
Lo que durante décadas fue una práctica marginal, sostenida por circuitos cerrados y compras esporádicas, hoy se presenta como un mercado competitivo: marcas reconocibles, envases atractivos, promociones en redes sociales y distribución a más de una decena de provincias argentinas. Referentes sociales y consumidores coinciden en que el cambio fue abrupto y profundo.
“Antes era difícil conseguir hojas de coca y se compraba lo que había; ahora se vende en cualquier lado y hasta se puede elegir”, relató Luis Martínez. Recordó que, años atrás, el producto llegaba desde el norte del país en condiciones precarias y con un alto riesgo penal para quienes lo transportaban y comercializaban.
Esa percepción es compartida por el comisario Jorge Nacusse, jefe de la Dirección General de Drogas Peligrosas. “En los años 90 secuestrar tres kilos era un logro. Hoy hablamos de cargamentos mucho mayores. Los hábitos sociales avanzan más rápido que la legislación”, advirtió.
Un vacío legal que alimenta el mercado clandestino
El núcleo del problema reside en una contradicción normativa que persiste desde hace más de cuatro décadas. En la Argentina está permitido el consumo de hojas de coca desde fines de los años 80, pero continúa vigente un decreto de 1978 que prohíbe su producción, importación, transporte y comercialización.
Según investigadores y especialistas, ese vacío legal terminó fortaleciendo un circuito clandestino de enormes dimensiones. Solo durante 2025, en Tucumán se secuestraron más de 16.000 kilos de hojas de coca, con destino tanto al mercado local como a otras 13 provincias del país. Las estimaciones indican que esa cifra podría representar apenas el 30% del volumen real que ingresa de manera ilegal, con ganancias potenciales cercanas a los $1.500 millones.
De práctica cultural a producto “gourmet”
El crecimiento del consumo también modificó su perfil cultural. Lo que antes estaba asociado a sectores específicos hoy aparece naturalizado en reuniones sociales, eventos nocturnos e incluso boliches. “Ahora hay hojas saborizadas, seleccionadas y presentadas casi como un producto gourmet”, describió Esteban Herrera. Otros consumidores ironizan sobre la sofisticación del mercado y la variedad de presentaciones disponibles.
Las investigaciones judiciales detectaron además un despliegue comercial inédito. Distribuidores con base en Tucumán utilizan redes sociales para promocionar marcas, exhibir vehículos de alta gama y ofrecer franquicias de venta en distintas provincias. En algunos casos, se identificó el uso de promotoras en bares y eventos para posicionar el producto, una estrategia que ya está siendo analizada por fuerzas federales.
“Hay una estructura organizada que combina logística, marketing y distribución, todo dentro de un esquema completamente ilegal”, señaló un funcionario con acceso a la investigación.

Logística nacional y diversificación del negocio
Según los datos reunidos, la hoja de coca ingresa mayoritariamente desde Bolivia, aunque en plataformas digitales también se publicita mercadería supuestamente proveniente de Perú y Colombia. Los investigadores no descartan que esas referencias formen parte de una estrategia comercial destinada a elevar precios y reforzar la idea de calidad.
Los envíos se camuflan en cajas de otros productos para eludir controles y llegan a provincias como Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Corrientes, San Juan, Río Negro y San Luis.
La expansión del negocio impulsó además la aparición de comercios especializados que ofrecen un verdadero “ecosistema” del coqueo: bicarbonatos saborizados, yista con bajo sodio, estuches de cuero, recipientes artesanales y una amplia gama de derivados, desde té y harina de coca hasta caramelos, cremas y productos para el mate. Los precios van desde algunos cientos de pesos hasta cifras que superan los $25.000, reflejando la alta rentabilidad del circuito.
Tucumán, eje estratégico
En el marco del Operativo Lapacho, las autoridades judiciales sostienen que Tucumán se consolida como un centro estratégico de acopio y distribución a nivel nacional. Mientras el consumo continúa en ascenso y el mercado se vuelve cada vez más visible, la Justicia enfrenta el desafío de intervenir en un negocio que combina aceptación social, vacíos legales y una estructura ilegal cada vez más sofisticada.
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El Provincial Tucumán San Miguel de Tucumán