El tiempo de las moscas: una serie eficaz, bien actuada y pensada para no incomodar

Primer estreno argentino de Netflix en 2026, El tiempo de las moscas llegó a la plataforma con ambiciones claras: entretener, captar público rápido y sostenerse en nombres fuertes. Con una historia policial surgida del universo literario de Claudia Piñeiro y las actuaciones protagónicas de Nancy Dupláa y Carla Peterson, la serie se ubicó en pocos días entre lo más visto, incluso por encima de producciones internacionales de alto impacto.

La ficción, dirigida por Ana Katz y Benjamín Naishtat, combina elementos de Tuya y El tiempo de las moscas, dos novelas de Piñeiro, para construir un relato de seis episodios preciso y funcional. El resultado es un producto sólido, de ritmo ágil, que prioriza el suspenso y el consumo inmediato por sobre cualquier intento de incomodar o profundizar demasiado.

La historia gira en torno a Inés (Peterson) y La Manca (Dupláa), dos mujeres que forjan una amistad en prisión y, ya en libertad, intentan rearmar sus vidas con un emprendimiento de fumigación. El negocio las pone en contacto con una mujer de clase alta que le propone a Inés un encargo inquietante: conseguir un veneno para matar a una persona. El pedido no es casual: quince años atrás, Inés ya había matado.

La tensión se construye a partir de esa decisión límite, atravesada por la precariedad económica y un problema de salud urgente que afecta a La Manca. El guion logra equilibrar drama, humor y melancolía, aunque no siempre con la sutileza del material original. Algunos recursos, como una voz en off cargada de metáforas y ciertas decisiones visuales reiterativas, terminan subrayando de más lo que la historia ya expresa por sí sola.

Cuando esos excesos se diluyen, la serie encuentra su mejor versión. Nancy Dupláa sobresale con una interpretación densa y contenida, que potencia el trabajo de Peterson y le da mayor espesor emocional al vínculo entre ambas protagonistas. Juntas encarnan una alianza de supervivencia que también deja entrever un sistema de reinserción social frágil, atravesado por la burocracia, la desigualdad y la falta de oportunidades reales.

La serie gana fuerza cuando se detiene en la observación social: el contraste entre barrios privados y zonas postergadas, la inestabilidad laboral y la amenaza constante de volver a caer. No es el eje central del relato, pero aparece como un trasfondo persistente que le aporta peso y verosimilitud.

La serie se posicionó rápidamente en el primer puesto de las series más vistas de la plataforma de streaming

El tiempo de las moscas funciona con eficacia y cumple su objetivo principal: entretener sin exigir demasiado. Avanza con suspenso bien dosificado y personajes moralmente ambiguos, aunque evita arriesgar más allá de lo necesario. Diseñada para no incomodar, se mueve en un terreno seguro, entre lo correcto y lo previsible, consolidándose como una opción sólida del catálogo, aunque sin el salto que la convierta en una serie verdaderamente inolvidable.

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